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4 de agosto de 2011

El más allá



Cualquier cuestión referente a la vida queda relegada a un segundo plano ante la transcendencia del significado de la muerte. No hay nada en esta vida más importante que saber qué es la muerte, qué sentido tiene, cómo debemos afrontarla. Toda nuestra vida está articulada en torno a la muerte. Si nos comunican que nos quedan pocos años de vida organizaremos lo que nos queda contando con ello. Todos somos enfermos de vida. Todos moriremos algún día de esa enfermedad mortal que es la vida. Entonces, ¿por qué no preguntarnos por ella? ¿Por qué ese pánico a hablar alto y claro sobre la muerte? En realidad es una cuestión cultural de nuestra civilización monoteísta. En Oriente se habla con normalidad sobre la muerte, se considera como un ciclo ininterrumpido, no el final de un camino. Ninguna posición es a priori segura. Nadie nos puede afirmar con seguridad la existencia o la inexistencia del más allá. Lo que sí sabemos con absoluta certeza es lo que vemos. El cuerpo muere. Esa es una verdad colosal. El cuerpo muere y se funde con el todo, pasa a formar parte de la naturaleza, de billones de microbios que absorben nuestra substancia. 
Pero ¿qué sucede con nuestra consciencia? ¿Desaparece cuando morimos? ¿O acaso ya ha ido desapareciendo mucho antes de morir? Existe una evidencia, cuando nos aproximamos al final de nuestros días no gozamos de la lucidez de nuestra juventud. Por tanto la consciencia ya nos ha ido abandonando durante la vida. ¿A dónde? A nuestro entorno humano, a nuestro entorno vivo. La consciencia es transferible. Vivimos a través de los demás, sentimos a través de los demás. Cuando entramos en contacto con los demás recibimos su energía y ellos reciben la nuestra. Los jóvenes reciben más energía, más consciencia de la que emiten. Los ancianos emiten más energía y más consciencia de la que reciben. Por tanto existe una transferencia de consciencia continua entre unos y otros. Cuando transferimos nuestra energía a otras personas somos capaces de vivir y sentir a través de ellos.
Los últimos días son un nacimiento inverso, nos desprendemos de todo lo que hemos adquirido con la vida y nos vamos sumiendo en el mismo estado en que vinimos al mundo. Cuando estamos en el lecho de muerte  tenemos la misma consciencia que un recién nacido pero nuestras ansias se concentran en volver al útero y no en salir. 
Nunca deberíamos ocultar el diálogo sobre la muerte. Conocer sus misterios puede ser lo más apasionante que nos puede ocurrir, pues la vida es el proyecto que concluye en la muerte y todos nuestros pasos están orientados hacia ella.

2 comentarios:

Mago Cuántico dijo...

Uffff, extremadamente complicado y sencillo a la vez, para mi la muerte es aquello a lo nos aferramos para desprendernos del paquete físico que nos aprisiona y limita (en parte) y del cual muchos creen que nunca saldrán y otros , jamas han estado en el .....

Un Alejandro Cualquiera dijo...

Se dice que cuando el cuerpo muere el cerebro aun tiene unos cuantos minutos de funcionamiento en los cuales comparados a los minutos de sueño, cuando despiertas y vuelves a dormir para volver a soñar y descubrir que apenas han pasado unos cuantos minutos , podría pensarse que estamos viviendo los recuerdos lucidos de un anciano..