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16 de diciembre de 2010

Panteísmo, Dios es todo




Llamamos panteísmo a la corriente de creencias que considera que todo cuanto existe es Dios, que Dios y Universo son lo mismo. Es decir, el tiempo, el espacio, la materia y la energía, todo es Dios. Por tanto, nosotros, los seres humanos sólo somos una pequeña parte de Dios. Esta forma de interpretar la realidad tiene una gran relevancia porque nos da pautas de qué lugar ocupamos en el Universo y de qué relación tenemos con el Creador. Si formamos parte de una realidad superior queda claro que debemos trabajar para llevar a cabo la función que tenemos dentro de esa realidad. Esto viene a ser similar a la función que cumplen nuestras células dentro de nuestro cuerpo. Todas tienen una función aunque ninguna es en singular imprescindible. Las células que se revuelven contra el sistema, como las tumorales, son eliminadas por sus defensas mientras que las células más útiles, como las neuronas, tienen vidas más longevas.
Queda la pregunta de cómo saber cuál es nuestra función dentro del Sistema-Dios-Universo. Para conocer su respuesta solo tenemos que observar el fluir de los ciclos naturales, realizar una abstracción del mecanismo que gobierna todo el Universo. Gracias a las nuevas tecnologías disponemos de instrumentos que nos permiten observar en directo el latir del Universo. Gracias a los documentales que recrean la evolución del Cosmos podemos contemplar la coreografía que describen las Galaxias, las estrellas, los planetas. Estamos asistiendo a un momento transcendente en la comprensión del Todo.
Si queremos encontrar nuestro lugar en el Universo, debemos dejar fluir las fuerzas de la naturaleza. Comenzar por nuestro entorno próximo y sumar fuerzas, nunca restarlas. Si nadamos en solitario contra corriente seremos arrastrados. Somos administradores de la corriente energética universal. Debemos canalizar, aprovechar, controlar o dosificar esa corriente de energía, pero nunca luchar contra ella. Es la fuerza que todo lo puede. Nuestra libertad nos permite oponernos a ella de forma momentánea, pero siempre con consecuencias negativas. Podemos canalizar o regular el curso de un río, pero si intentamos bloquearlo, su fuerza nos arrollará de forma inexorable. Imagina el Universo-Dios como el mecanismo de un reloj descomunal, con todas sus piezas girando coordinadamente en una perfecta armonía de movimiento en el espacio y el tiempo. En una diminuta rueda dentada, en lo más profundo de su estructura, unos pequeños seres tienen como misión engrasar y revisar esa pieza para que su movimiento sea armónico y fluido.

1 comentarios:

mistertrufa dijo...

Somos un cancer y asi hemos de ser extirpados como tal es lo que merecemos...